稲荷の物語

Inari no Monogatari es una serie de cuentos que relata la historia de una joven llamada Inari quien hace alusión a la deidad del mismo nombre. Y odia las palomas.

La del bus

- Diga una metáfora sin pensarlo mucho.

- Pero no se puede!

- Porqué no?

- Porque ocupo pensar el elemento comparativo y eliminarlo..

- Bueno bueno, diga una sin pensarlo mucho.

- Mi vida es como el bus de las mañanas.

- Ahora explique la comparación improvisada.

- Para ir al colegio me bajaba como a las cinco o seis paradas de mi casa y llegaba enfermizamente temprano. Para ir a la U me levanto como media hora más tarde y avanzo un par de paradas más. Y si termino trabajando en donde creo que terminaré eso son unas tres paradas y media hora de más.

- Ya la tenía planeada verdad?

- Más o menos, venía pensándolo en el bus de la mañana.

Era una muchacha poco usual de mirada tímida y cabellos largos. Y no le dirigía la mirada cuando hablaba, le resultaba imposible. A Inari no le interesaba mucho, escuchar las divagaciones de su amiga de la parada le agradaba.

Ella tenía un año menos que Inari pero en apariencia tenían como cinco de diferencia. Siempre con un audífono puesto (aunque cuando hablaba no escuchaba nada, pero no se lo quitaba) y la mirada fija en un punto cercano a su interlocutor pero siempre asintotico a éste. Y si no le hablaban el vacío era su lugar favorito (y no, ella nunca iniciaría la conversación). Y si uno nunca le preguntaba el nombre ella no lo diría ni lo preguntaría de vuelta, nunca le importaron.

- Tengo sueño.

- A esta hora!? Son las seis y media de la tarde!

- Gracias pero saber la hora no me quita el sueño.

- Debería.

- Por?

- No sé, tal vez como que entra en razón o algo y su cabeza le dice que está mal tener sueño a esta hora. O cuando llegue a su casa o algo.

- Eso no lo sabré si no hasta que sean las once, pero no me gustaría perder el sueño a esa hora.

Siempre terminaban con una frase en el aire, y siempre era su bus el que llegaba de primero. Sus conversaciones no tenían mucho sentido pero le agradaban, eran distintas de aquellas que tenÌa con cualquier otro mortal. Y con aquella anónima chiquilla Inari volvía al vacío, a olvidarse de la existencia de sus deudas, enredos y conocidos. Porque en la parada ellas no conocían el mundo, no les interesaba. Porque desconectarse de la sociedad por veinte minutos al dÌa no les parecía mal, por eso Inari procuraba siempre estar en esa parada a las seis de la tarde y no en otra. Tomaría un bus cualquiera y se bajaría a la primera parada si andaba sin rumbo, o simplemente esperaría ahí, pero sus ratos de escape no los cambiaba por nada.

- Quiero irme lejos.

- Para qué?

- Porque aquí es aburrido.

- Ni tanto. Irse lejos no es tan fácil y lindo tampoco.

- Porqué lo dice?

- Porque siete buses no es nada comparado a la distancia entre mi origen y aquí.

- Wow. Eso es demasiado.

El bus blanco venÌa llegando, ya era hora de su despedida. Pero esta era distinta.

- Disculpe muchacha, como se llama usted?

Inari la volvió a ver incrédula. En los meses que llevaban esperando en esa parada nunca le había preguntado el nombre, ella no hacía eso. DebÌa tener una razón, estaba segura, pero eso iba después. No suena ni lindo ni coherente responder “porque?” cuando le piden a uno el nombre.

- Eh, Inari.

Seguía confundida. No siguió la frase con una pregunta ni nada, no le daría tiempo. El bus ya se había detenido y la muchacha se preparaba para irse.

- Muchas gracias Inari. En serio, gracias.

Y se fue sin que Inari dijera palabra alguna, parecía ya haber adivinado el motivo. Y ya cuando el bus se había movido por lo menos doscientos metros Inari reaccionó, casi suspirándole al viento con la mano izquierda y el estómago hechos un nudo.

- Adiós.

Y en efecto había adivinado, al día siguiente ella no estaba. Ni el que seguía ni la otra semana. Adiós Escape.

Unos años después le llegó una petición, uno de esos deseos malditos que le tocaba resolver. Eliminar a alguien, ok. De los pedidos que más había llegado a odiar. No podía evitar preguntarse los motivos, darles mil vueltas por la cabeza. Porque ella tenía entendido que dar su propia vida como garantía para eliminar una vida ajena debía tener una razón de peso. Inari no pudo ni inventar teorías cuando vio los tímidos ojos verdes de su próximo objetivo. Su cerebro fue incapaz de pensar en algo, nada mas tenía la mano izquierda y el corazón hechos un puño. Y por más que le doliera, por fin supo su nombre.

01.02.12